"Pagar ambas facturas"

Entrevista
Author
Peter Mertens, Secretario general del PTB
German-Foreign-Policy.com

Entrevista con Peter Mertens sobre la actual oleada de protestas sociales a gran escala en Bélgica, el vínculo entre los recortes sociales, la militarización en Europa, y la lucha por las alternativas.

 

BRUSELAS german-foreign-policy.com habló con Peter Mertens acerca de la oleada de protestas que desde hace más de un año se desarrolla en Bélgica contra la erosión de los derechos laborales y de los derechos sociales. Mertens es autor y Secretario General del Partido del Trabajo de Bélgica (PTB), que ha participado desde el principio en las manifestaciones y huelgas convocadas por los sindicatos y que, según los sondeos electorales en la región de Bruselas capital, es actualmente la primera fuerza política con más de un cuarto de los votos. Mertens ve un vínculo evidente entre las protestas sociales y la lucha contra la militarización: "Son las mismas personas las que pagan ambas facturas"; esto ya no se puede ignorar. Uno de los objetivos de estas protestas es restaurar "la confianza de la gente en su fuerza colectiva". Mertens recuerda que ya en 1945, incluso en Occidente, se consideraba que el poder de los gigantescos grupos industriales había sido una de las principales causas de la militarización y la guerra. En breve se publicará su libro "De laatste dagen van het oude normaal" ("Los últimos días de la antigua normalidad"). Recientemente ha publicado su libro "Motín". 
 

german-foreign-policy.com: Desde principios del año pasado, Bélgica ha sido testigo de una oleada de manifestaciones masivas contra el gobierno. ¿De qué estamos hablando exactamente?

Peter Mertens: En realidad, esta amplísima y profunda oleada de protestas a escala nacional comenzó ya en 2024, es decir, hace 16 meses, cuando las negociaciones para formar el actual Gobierno aún estaban en pleno apogeo. 100.000 personas salieron a la calle. Esto no había ocurrido nunca. En los 16 meses siguientes se produjeron 14 movilizaciones nacionales, la más reciente fue el 12 de marzo, cuando 100.000 personas volvieron a salir a la calle para protestar. Dentro de poco, el 12 de mayo, habrá otra huelga nacional. Hasta entonces, el 1º de mayo se celebrará una jornada nacional de acción. Se trata de una de las campañas más largas jamás organizadas por los sindicatos belgas, y es igualmente excepcional por su profundidad.

Básicamente, las protestas giran en torno a cuestiones cotidianas, con las pensiones como centro de las preocupaciones. El Gobierno quiere introducir un "malus" en las pensiones, una medida punitiva para quienes se jubilen antes de los 67 años. Quienes lo hagan podrían perder hasta el 20% de su pensión de jubilación. Las pensiones de jubilación en Bélgica ya son muy bajas; si Alemania tiene las pensiones más bajas de Europa Occidental, Bélgica tiene las segundas más bajas. El "malus" en las pensiones de jubilación afectará principalmente a las mujeres. Hay congelación salarial -incluso en los sectores con grandes beneficios- y habrá muchos más recortes. La población está muy enfadada con respecto a esto. Las protestas, que empezaron como un movimiento sindical, están calando muy hondo.

Y eso que la prensa belga apenas se está haciendo eco del movimiento de protestas. Cuando hubo huelgas nacionales hace más de una década, en 2014, los medios de comunicación las cubrieron con cierto detalle. Hoy en día, se puede encontrar alguna que otra foto de las manifestaciones en la doceava página de algún periódico, si acaso. La falta de cobertura mediática de este gran movimiento no tiene precedentes.

german-foreign-policy.com: ¿Considera usted que las protestas han sido un éxito hasta ahora?

Peter Mertens: Siempre hay una cierta dialéctica en juego. En primer lugar, hay una negación: la gente está enfadada por ciertas medidas del Estado. El hecho de que la gente no exprese su rabia sentada en su sillón tirándole pantuflas al televisor, sino al contrario, que se active y actúe conjuntamente en la calle, es muy importante; es un avance significativo, a menudo subestimado. El arte de organizar, el arte de ganarse a la gente en favor de un movimiento, es decisivo.

Verás, todo arranque de ira tiene dos caras. Por un lado, está la amargura, el sentimiento de impotencia como individuo. La extrema derecha sabe muy bien cómo explotar esto. Nosotros intentamos convertir la ira y el odio de clase -la negación, por así decirlo- en algo positivo. Empieza a un nivel muy fundamental: tenemos que convencer a la gente para que salga a la calle y actúe unida. El sistema quiere que la gente se sienta pequeña e impotente. Intenta destruir la creencia en la fuerza colectiva mediante la 

intimidación y la represión. Si la gente cree que su acción es en vano y que su adversario es invencible, se rinde. Es una manipulación deliberada, una distorsión deliberada de las percepciones de la gente. El mensaje está claro: no hay alternativa, no podemos hacer nada, "ellos" son demasiado poderosos, todo está decidido de antemano. Eso es exactamente contra lo que nosotros, la izquierda, tenemos que luchar. Tenemos que devolver a la gente la confianza en su fuerza colectiva.

Y si nos fijamos a nivel socioeconómico, cada manifestación y cada huelga han hecho retroceder al gobierno en alguna de las medidas. La reforma de las pensiones aún no se ha aplicado; de hecho aunque aún no se han retractado del todo, se ha debilitado considerablemente en varios puntos, gracias a la presión que este movimiento ha ejercido sobre el gobierno. También hay muchas contradicciones en el seno del Gobierno. Sin las protestas, estas contradicciones no serían tan graves. Por ejemplo, estamos debatiendo sobre cómo hacer frente a los elevados precios actuales de la energía, que son consecuencia de las guerras ilegales de Trump y Netanyahu, y de todos aquellos que en Europa apoyan estas guerras ilegales. Está claro que la vida es cada vez más cara para la gente. Un ala del Gobierno quiere endurecer aún más la política de austeridad. La otra ala lo considera imposible, lo que a su vez es un éxito del gran movimiento de protesta. Sin este movimiento, el gobierno permanecería perfectamente unido.

Y aún queda por ver si el actual Gobierno belga seguirá en pie hasta finales de 2026. Está sometido a una gran presión, la tensión es alta en el seno del gobierno, y aunque este no era el objetivo principal del movimiento de protesta, no deja de ser una consecuencia de la presión que está ejerciendo. Ciertamente, las contradicciones en el seno del gobierno también se están viendo exacerbadas por la presión ejercida por el sindicato socialista -uno de los más grandes de Bélgica- sobre los socialdemócratas flamencos que forman parte del gobierno. Y esto es perfectamente comprensible, teniendo en cuenta que los socialdemócratas están a la cabeza de un gobierno que está llevando a cabo una política contraria a todo aquello por lo que los socialistas han luchado siempre.

german-foreign-policy.com: ¿Qué papel desempeña la militarización en los recortes sociales impuestos por el gobierno belga a la población?

Peter Mertens: Creo que está cada vez más claro que el gobierno está intentando ocultar un elefante debajo de una alfombra. Lo cual es bastante difícil porque un elefante es más bien grande, y el elefante en la habitación -en este caso el presupuesto militar-, que se situó en 3.900 millones de euros en 2017, no ha dejado de aumentar constantemente hasta alcanzar los 12.700 millones de euros en 2025, más del triple en solo ocho años. Es una locura. Sin embargo, el Gobierno ha prometido a Trump aumentar el presupuesto militar hasta 22.000 millones de euros, lo que correspondería al 3,5% del PIB belga. El Gobierno belga no puede endeudarse como lo ha hecho el gobierno alemán para alcanzar los 22.000 millones de euros. Por tanto, debe reducir su gasto en otros ámbitos.
Esto puede verse en los debates del Parlamento: Todos los ministerios están bastante deprimidos: todos tienen que aplicar medidas de austeridad. La situación es dramática. Como consecuencia, el sistema penitenciario se está colapsando por completo, el sistema sanitario está penando padeciendo el personal sanitario una enorme carga de trabajo y una falta de personal crónicas. Así que todos los ministros están un poco deprimidos, salvo el Ministro de Defensa, que está radiante de alegría. Podrá gastar miles y miles de millones en los próximos años. Los propios ministros lo dicen: si tienen que elegir entre los cañones o la mantequilla, eligen los cañones.

Tenemos un ministro de Defensa de extrema derecha al que le gusta que le describan como "ministro de la Guerra", como Pete Hegseth, Theo Francken es una figura muy trumpista. Dice: "Bueno, tenemos que adoptar el modelo americano en Bélgica, y si esto implica atacar los sistemas de seguridad social con una motosierra, lo haremos." "Si eso significa que la gente tiene que pagar 1.000 euros por un tratamiento dental -le cito textualmente-, entonces tendrán que pagar 1.000 euros." En su opinión, ya no podemos permitirnos el "modelo cubano de medicina gratuita". Así que es el propio gobierno quien está vinculando la militarización a las medidas de austeridad.

Recientemente se ha producido un escándalo en Bélgica. ¿Recuerda usted los drones que se vieron por toda Europa el año pasado? También en Bélgica ocupó los titulares. En un momento dado, incluso se llegó a cerrar el aeropuerto nacional de Zaventem por una supuesta amenaza inminente. Nos dijeron que eran drones rusos y que teníamos que comprar urgentemente material militar caro para abatirlos y protegernos de la amenaza rusa. Sin embargo, un reciente reportaje de investigación de la televisión pública reveló dos hechos explosivos. Las imágenes de los supuestos drones sobre el aeropuerto de Zaventem mostraban en realidad a un helicóptero de la policía. Y la segunda revelación es aún más sorprendente: al parecer, fue el propio ministro de Defensa, Theo Francken, quien filtró estas imágenes a la prensa. Ahora la gente se ríe de él, pues cada vez está más claro que el gobierno se inventa historias para sembrar el miedo y justificar el gasto militar. En cierto modo, agradezco a nuestro Ministro de la Guerra que haya mentido tan abiertamente a la población.

german-foreign-policy.com: Por tanto, es evidente que la militarización está estrechamente relacionada con los recortes presupuestarios en el ámbito social. ¿Cree que también podemos establecer un vínculo entre las manifestaciones contra estos dos fenómenos, es decir, entre las manifestaciones contra la militarización y las manifestaciones contra los recortes sociales?

Peter Mertens: Son las mismas personas las que pagan ambas facturas: la de las guerras y la de las medidas de austeridad. Ya es difícil ignorar este vínculo. Lo que se suma al gasto militar se le resta al gasto social: es una proporción de uno partido de uno casi. Ese debe ser nuestro punto de partida.
Y no debemos abandonar la lucha por estas cuestiones existenciales. A veces escucho esta pregunta: "¿Realmente merece la pena salir a la calle por las pensiones y los salarios, cuando todo va a ser arrasado por una guerra devastadora?" Mi respuesta es: sí, merece la pena. Ya se trate de las pensiones o de los salarios, de la vivienda o de los precios de la energía, del cuidado de la infancia o de las personas mayores, ¿por qué deberíamos abandonar a la clase trabajadora en manos de los charlatanes de extrema derecha de Hamelin?

Pero debemos vincular esto con la lucha contra la militarización y la guerra. La contradicción entre trabajo y capital es inherente al sistema y hunde sus raíces en el propio capitalismo. En su búsqueda del máximo beneficio, el capitalismo conduce a las crisis y a la guerra. Colapso climático, crisis alimentarias, deuda aplastante, conflictos económicos y militares : el capitalismo no tiene solución para estos retos. Sólo el socialismo la tiene. Este es el argumento que desarrollo en mi nuevo libro, que se publicará en breve.

german-foreign-policy.com: ¿El hecho de que la OTAN tenga su cuartel general y un gran número de empleados en Bélgica tiene alguna repercusión en la situación política de su país? En lo que respecta a la OTAN, Bruselas está en el ojo del huracán, por así decirlo.

Peter Mertens: Es cierto. En lo que respecta a la militarización, la situación de Bélgica no es comparable con la de Alemania. Está el hecho de que la OTAN tiene su cuartel general en Bruselas, donde trabajan unas 4.000 personas. Otras 1.700 personas trabajan en los SHAPE, en Mons. Esto tiene una importancia considerable. Es importante desde el punto de vista militar. Esto convierte objetivamente a Bélgica en parte integrante de la maquinaria de guerra estadounidense: es un simple hecho. Las guerras se planifican y se llevan a cabo desde el territorio belga, desde Mons. Esto a menudo se subestima.

Conviene echarle un ojo también a la nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos. Contiene tres páginas dedicadas a Europa, en las que la administración Trump describe su estrategia para socavar la unidad europea apoyando a las llamadas fuerzas patrióticas. Me limito aquí a citar el texto tal y como aparece en el documento. Las embajadas estadounidenses desempeñan un papel clave en este sentido. La embajada estadounidense en Bélgica es muy agresiva y se inmiscuye activamente en la política belga. Se trata de un nuevo tipo de diplomacia, una "antidiplomacia" agresiva, si se quiere. Entre bastidores, en Bruselas, toda la red de la OTAN y los SHAPE también desempeña un papel.

En el periodo previo a las elecciones de 2024, el PTB fue el único partido que se manifestó en contra de la OTAN. Desde luego, no era nuestra principal preocupación, pero los demás partidos y los medios de comunicación intentaron debilitarnos afirmando que éramos un partido puramente anti-OTAN. Nosotros no lo sacamos a la palestra, pero nuestros adversarios políticos sí lo hicieron y, para ser sinceros, funcionó muy bien. Hoy, dos años más tarde, podemos decir que dados los recientes acontecimientos, cada vez hay más gente abierta a esta postura de replantearse la OTAN y reconocer que es una máquina para hacer la guerra . La gente sintió el "momento Groenlandia" cuando Trump anunció que estaba dispuesto a comprar Groenlandia a Dinamarca. La gente lo vio cuando el Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, admitió que la OTAN era un instrumento de intervención estadounidense.

Siempre hemos mantenido que la OTAN es un instrumento de Estados Unidos, pero siempre se nos ha acusado de difundir propaganda rusa. Hoy, el propio Secretario General de la OTAN lo confirma. Es más, Trump se está comportando como un loco, llamando a la OTAN tigre de papel porque no participa oficialmente en la guerra ilegal contra Irán. En realidad, los miembros de la OTAN están, por supuesto, implicados: basta pensar en Ramstein y en todas las demás bases estadounidenses utilizadas para hacer la guerra. De hecho, el horror actual de la guerra en Irán no sería posible sin Ramstein. Hoy, Trump y las contradicciones entre los imperialistas muestran lo que es la OTAN realmente.

german-foreign-policy.com: En Alemania se han generalizado las huelgas escolares contra el servicio militar obligatorio, y la próxima está prevista para el 8 de mayo. ¿Habrá también servicio militar obligatorio en Bélgica?

Peter Mertens: Aquí existe el servicio militar voluntario, introducido por el actual ministro de la Guerra, Theo Francken. Su ministerio envía a cada joven de 17 años una carta invitándole a participar en el servicio militar voluntario. Éste es sólo el primer paso para preparar mentalmente a la población para la militarización. El gobierno no envía una carta a todos los adultos informándoles de que hay escasez de personal sanitario, ingenieros, etc., y pidiendo a la gente que tome el relevo. Por supuesto que no lo hace. La carta sobre el servicio militar obligatorio está claramente destinada a preparar mental y emocionalmente a las personas para la militarización y la guerra.
 

Quiero expresar todo mi respeto a los jóvenes que organizaron esas dos huelgas en Alemania contra el servicio militar obligatorio. Les apoyamos. Nuestras organizaciones juveniles intentan inspirarse en ellos. Lo que hacen nos inspira. Es impresionante que hayan conseguido movilizar a unas 55.000 personas sobre una base claramente antimilitarista. Uno de los capítulos de mi nuevo libro narra la historia de las huelgas escolares en Alemania. Lo que cuenta no es tanto el número de personas que salen a la calle, sino el gesto en sí. Todo movimiento empieza diciendo "no". Esta primera etapa suele ser más difícil que la segunda, la quinta o la sexta. Así que las huelgas escolares son realmente una iniciativa fantástica.

Hace dos años en los Países Bajos se realizó una encuesta a la juventud de entre 18 y 25 años. Los resultados mostraron que las tres cuartas partes se oponían al servicio militar obligatorio. Así que creo que, entre la generación más joven, sigue prevaleciendo el sentimiento de que la gente busca instintivamente que prevalezca la paz. Nadie viene a este mundo pensando: "Quiero acabar con mi vida a los 18 años en una sucia trinchera llena de gas mostaza". Nadie sueña con ello, sin duda.

german-foreign-policy.com:  ¿Qué grado de peligro cree que entraña la actual situación política? En un discurso reciente, usted se refirió a las "cinco D" de 1945 y las comparó con la actual situación de la UE. Eso suena bastante serio.

Peter Mertens: Me gusta la idea de que, cuando el fascismo fue derrotado, los Aliados discutieron en Yalta la manera de tratar sus raíces. Por supuesto, el capitalismo es la raíz principal y sólo la República Democrática Alemana ha intentado erradicarlo realmente. Pero es importante recordar que este debate también tuvo lugar entre los Aliados occidentales. Finalmente los Aliados acabaron identificando las "cinco D" para acabar con el fascismo: desmilitarización, desnazificación, democratización, descentralización y desmantelamiento de los monopolios. La desmilitarización tenía gran importancia para Alemania. Lo que ahora se ha olvidado casi por completo es que también se desmantelaron los monopolios. Los Aliados dividieron IG Farben en BASF, Bayer y Hoechst.

¿Y por qué? Pues porque en aquella época existía un consenso según el cual la concentración del poder económico en manos de los grandes monopolios era una de las principales causas de la militarización y de la guerra, simplemente porque los monopolios buscan constantemente más y más beneficios. Les mueve una sed de expansión que a menudo conduce a intervenciones imperialistas y a la guerra. La conciencia de la relación que existe entre un poder económico gigantesco y concentrado -en aquella época, por ejemplo, el de Thyssen, Krupp y otros- y la militarización y la guerra estaba muy presente en 1945 y en los años inmediatamente posteriores. Cuando escribí mi libro, me enteré de que el Programa Ahlen de la CDU de 1947 contenía la exigencia de poner fin a la búsqueda capitalista de beneficios y poder.

Hoy en día, la Unión Europea está haciendo exactamente lo contrario de lo que implicaban las "cinco D". Esto es asombroso, sobre todo teniendo en cuenta que en 1945 reinaba un consenso sobre ellos. No seamos ingenuos: este acuerdo sólo existió por el contrapeso de la URSS; pero existió. En la actualidad, la UE promueve la militarización en lugar de la desmilitarización, el autoritarismo en lugar de la democratización, la centralización en lugar de la descentralización, los grandes monopolios en lugar del desmantelamiento de los monopolios -basta con pensar en el discurso de los llamados "campeones europeos"-. Y luego, por supuesto, está la normalización de la extrema derecha. La trayectoria anti-Yalta del capitalismo europeo es realmente asombrosa.

german-foreign-policy.com: ¿Aún hay alguna esperanza de detener esta catastrófica evolución?

Peter Mertens: Ahora mismo, mucha gente se pregunta: ¿es que acaso vivimos en un manicomio? ¿Se ha vuelto el mundo completamente loco? Cada día, cuando nos despertamos, no sabemos lo que va a pasar, y mucho menos lo que va a hacer Trump. Los responsables políticos europeos dicen querer que sus países sean autónomos, pero al mismo tiempo siguen poniendo bases militares a disposición de las guerras ilegales en Oriente Próximo y Oriente Medio. Por un lado, se oponen a Trump; por el otro, aplauden el discurso de Marco Rubio en la Conferencia de Seguridad de Múnich. Nadie sabe dónde estamos ni cuál es el objetivo. ¿Por qué no podemos llegar a un acuerdo diplomático -aunque sólo sea provisional- con Rusia para poner fin a la guerra en Ucrania? 
¿Por qué seguimos apoyando a Israel ahora que está extendiendo al Líbano la destrucción que causó en Gaza?

Creo que debemos actuar en los dos planos. Es muy importante que sigamos ocupándonos de los problemas cotidianos; nunca debemos abandonarlos a la extrema derecha, sino al contrario, intentar defender lo mejor posible los derechos de los trabajadores en el sentido más amplio. Pero también debemos cuestionar todo el sistema económico, como se hizo en 1945 y en los años inmediatamente posteriores. Hay que acabar con el capitalismo monopolista, porque lleva en su seno una tendencia a la expansión y a la guerra. Lo que necesitamos es el socialismo. ¿Qué sentido tiene una Europa autónoma si no es más que una pálida copia de los Estados Unidos de Trump? ¿Qué sentido tiene enviar fragatas al Indopacífico? ¿Qué sentido tiene vender submarinos alemanes a Israel? ¿Por qué habríamos de imitar este tipo de imperialismo? Pero ya hemos pasado por esto antes: cuando Europa era una potencia colonial, incendió el mundo entero.

El verdadero futuro de Europa no está en ser una potencia imperialista, sino en convertirse en un continente socialista en el que las cosas normales vuelvan por fin a serlo: la sanidad, la educación, etcétera. Es difícil cuestionar el sistema, pero creo que la gente no quiere seguir peleándose por cosas cotidianas; quiere una solución real a sus problemas, quiere un objetivo por el que merezca la pena luchar, no sólo un pequeño cambio en el Parlamento, donde se añade una coma a una nueva ley para evitar lo peor. No necesitamos migajas, no necesitamos una única barra de pan, necesitamos la panadería entera.

german-foreign-policy.com: Acabas de terminar de escribir un nuevo libro, que se publicará pronto. ¿De qué trata?

Peter Mertens: Se titula Los últimos días de la antigua normalidad y trata por un lado de la militarización de Europa y por otro lado de las relaciones entre Europa y Estados Unidos. Intento desarrollar la tesis de que hay que romper con el imperialismo americano, pero no para emancipar al imperialismo europeo. Lo que necesitamos en su lugar es una Europa socialista. Ese es el objetivo. Intentemos ver con nitidez dentro de un mundo en rapidísima evolución, confuso y peligroso.
 

 

 

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